¿Cocina abierta o cocina cerrada? Es una de esas preguntas que parecen tener solo dos respuestas, como si hubiera que elegir bando para siempre. Abierta, y toda la casa huele a lo que se cocina. Cerrada, y quien cocina se queda un poco al margen de la conversación.
Dicho así, ninguna opción convence del todo. En un proyecto reciente en Oviedo nos encontramos justo con ese dilema. Y la solución no fue elegir un bando, sino poner una cristalera de por medio.

No queríamos una cocina aislada, pero tampoco queríamos vivir con el salón dentro de la sartén.
La cocina que no se decide (y por eso funciona)
La cristalera es, básicamente, una pared de cristal con estructura metálica que separa dos espacios sin cerrarlos del todo. Se ve a través de ella, entra la luz de una estancia a otra y, sin embargo, cada espacio conserva su propia identidad.
Es una solución que lleva tiempo viéndose en reformas del extranjero y lofts, y que cada vez pide más paso en las viviendas de Asturias.
Tiene sentido: resuelve un problema real sin obligar a renunciar a nada.
Qué gana una cocina con cristalera
Más allá de la estética, hay razones prácticas de peso:
01 El olor y el vapor de la cocina no se cuelan en el salón
02 La luz natural sigue pasando de una estancia a otra
03 Desde la cocina se sigue viendo (y oyendo) lo que pasa al otro lado
04 El ruido de la campana o del lavavajillas queda más contenido
En definitiva: la sensación de amplitud de una cocina abierta, con la contención de una cocina cerrada.
Lo mejor de los dos mundos, sin la parte incómoda de ninguno.

Un verde que no todo el mundo se atrevería a elegir
Esta cocina en concreto no se quedó solo con la cristalera como elemento diferencial. Los muebles en verde, con friso y tiradores en tono dorado, aportan una personalidad que se aleja de lo esperable en una cocina neutra.
Es un verde con carácter, más cercano al verde salvia que al verde menta.
Combina con una encimera y un frente de aire marmóreo en tono claro. El resultado es una cocina que no pasa desapercibida, pero que tampoco grita. El verde aporta calidez y personalidad; el mármol claro y los tonos dorados equilibran el conjunto y evitan que resulte recargado.
💡 A nivel funcional, la cocina también incorpora soluciones pensadas para el día a día: un mueble columna con organización interior para especias, cafés e infusiones, con estantes específicos para que cada cosa tenga su sitio y nada se quede escondido al fondo del armario.
Lo que hemos aprendido en DTC con este tipo de proyectos
Cuando un cliente nos plantea el dilema de abierta o cerrada, casi siempre la respuesta no está en los extremos.
Llevamos años diseñando cocinas en Asturias. Y lo que hemos aprendido está en entender cómo se vive realmente esa casa: si se cocina a diario o solo los fines de semana, si hay niños de por medio, si el salón se usa para recibir visitas con frecuencia.
La cristalera no es la solución para todas las cocinas, pero cuando encaja, encaja muy bien. Y cuando además se combina con un color con personalidad como este verde, el resultado deja de ser solo funcional para convertirse en el punto fuerte de toda la casa.

Entonces, ¿abierta o cerrada?
No son extremos entre los que elegir. Son las dos, según se necesite.
Puede que la pregunta esté mal planteada desde el principio. La cocina de este proyecto no es ni una cosa ni la otra: es las dos, según se necesite.
En este proyecto, cada decisión parte de esa idea:
01 Separar los espacios sin cerrarlos del todo
02 Aportar personalidad con un color con carácter
03 Cuidar el detalle funcional en cada mueble
04 Equilibrar carácter y neutralidad
Y esa, más que una moda, es una forma inteligente de resolver un problema que casi todas las casas con cocina y salón conectados terminan planteándose tarde o temprano.
¿Te imaginas tu cocina con un color así?
Cuéntanos tu proyecto. Empezamos con una llamada.














